Sociedad

EL SACRAMENTO DEL SERVICIO

La importancia del Jueves Santo: El significado del lavado de los pies

06/04/2012 | 09:53

♦ Es una tradición que año a año se realiza en las iglesias católicas en esta época. ♦ Según cuenta la biblia, esto fue realizado por Jesús en la última cena. 

 

El jueves santo es un día en el que la iglesia católica se congrega como comunidad diocesana en torno a su pastor, el Obispo, para la consagración de los santos óleos, con los cuales se realizará durante el año la celebración de los sacramentos. Si por razones pastorales esta celebración ya ha tenido lugar en algún otro día, en ésta fecha se reconoce, al recibir en las comunidades los santos óleos, el signo de la eclesialidad.

 

Se celebra, con especial solemnidad, la Cena del Señor, el Sacramento de la fraternidad, congregados por la memoria del Crito que muere y resucita.

 

Los santos óleos han servido siempre para realizar la mediación sacramental de la donación del Espíritu Santo en diversas circunstancias de la vida. Simbolizaron fortaleza, agilidad, medicina, buen olor: todas las significaciones que puedan ser relacionadas con los óleos santos,  remiten al Espíritu de Dios.

 

El sacramento de la penitencia y de la reconciliación comunitaria, también encontró siempre en este día su ubicación privilegiada.

 

El sacramento del servicio  o lavatorio de los pies, como mandato del Señor, se realizó siempre en este día como expresión vivida del espíritu que tiene que animar a los seguidores del Maestro: No vine a ser servido sino a servir.

 

El Sacramento de la Eucaristía, misterio de fe de una comunidad constituida por la memoria del Señor, se realizó de manera especial el Jueves Santo, como sacramento de la fraternidad.

 

El sacramento del sacerdocio fue siempre proclamado en este día, como la mediación de la presencia de Jesucristo, el Buen Pastor.

 

Lavatorio de pies

 

El hecho mismo del lavatorio de los pies puede ser explicado, con suficientes fundamentos, como una tarea de esclavos, un gesto de deferencia o de consideración excepcional para con los huéspedes. Dicho gesto se comprende bien dentro de la teología de la encarnación del mismo Juan y también en el sentido de la misma en Pablo (cfr. Flp 2,5-8). Pero el gesto no apunta simplemente a presentarnos una teología propia de Juan, puesto que no es difícil encontrar en la otra tradición evangélica, la de los sinópticos, la misma inspiración naturalmente no dramatizada.

 

La comunidad cristiana ha valorado esta tradición del evangelio de San Juan como un verdadero mandamiento de Jesús, y la ha celebrado año tras año como una acción sacramental, que debe hacer posible el que se asuma plenamente el espíritu del Señor. Es ésta la razón por la cual el jueves santo adquiere una importancia litúrgica tan grande la ceremonia del lavatorio de los pies, dentro de la misma celebración eucarística, como el verdadero comentario o la verdadera proclamación dramatizada de la palabra evangélica.

 

 En cuanto a su significación, cada vez tenemos que repetir con el mismo entusiasmo que este relato del evangelio de San Juan nos transmite un mensaje verdaderamente central de la existencia en Jesucristo: la vida del Maestro ha sido un testimonio constante de la inversión de valores que hay que establecer para poder hacer parte del Reino de Dios. No es el poder, ni la dignidad accidental, ni ningún otro motivo de dominación lo que constituye el secreto de la verdadera sabiduría de Dios.

 

El gran valor que ennoblece al hombre es el de tener la disposición permanente para servir. Jesús lo ha proclamado, según el evangelio de Juan, por medio de una parábola que tiene fuerza incomparable: el Maestro se ha convertido en un esclavo. El verdadero sentido profundo de la existencia del Maestro es el de ser servidor. Una lógica así se convierte en el secreto para edificar un mundo, cuya razón de ser no nos puede ser revelada sino por Dios mismo.

 

No se celebra la ceremonia del lavatorio de los pies simplemente para recordar un episodio interesante y conmovedor de la vida de Jesús, sino para reconocer en una expresión sacramental la única manera posible de ser discípulos del Maestro.